La Asamblea General como signo de la unidad y corresponsabilidad de la Iglesia misionera

Después de la Eucaristía de inicio, Monseñor Rafael Cob, Obispo de Puyo, se dirigió a los asistentes con una alocución de apertura de la Asamblea. En la misma, y en referencia a la cita que la ilumina, “Y todos los creyentes vivían unidos” (Hch 2,44), Monseñor Cob destacó las notas que deben definir la Iglesia del Vicariato.

En primer lugar, señaló la unidad. El Sr. Obispo recordó que es lo que pidió Jesús a sus discípulos, por lo que manifestó que “no tenemos sólo que desearla o pedirla, sino manifestarla”. Además, añadió, “debe ser una unidad visible”, por ello agradeció a los asistentes su presencia física en la Asamblea.

En segundo lugar, Monseñor Cob afirmó que la Iglesia del Vicariato debe ser misionera. “La Iglesia misionera –argumentó- es la expresión más genuina y radical de lo que quiere Jesús para su Iglesia”, citando también las palabras del Papa Francisco referentes a la Iglesia en salida y no encerrada en sí misma.  “El peligro está en instalarnos, en huir del compromiso. Debemos vivir el sacrificio, morir a nuestro yo”, apostilló el Obispo de Puyo, quien subrayó la aportación que en este sentido está haciendo el proyecto de las Santas Misiones Populares, que “nos ha ayudado a madurar como Iglesia misionera”.

La tercera nota distintiva fue la de la corresponsabilidad. “Sólo el que sirve sabe custodiar el proyecto de Dios”, explicó Monseñor, y “el proyecto de Dios –aclaró- se plasma en tres actitudes: servicio, obediencia y gratuidad”. Sólo de esta manera, dijo, podremos construir juntos un proyecto común, mirar a un horizonte común, con desprendimiento y con atención para hablar y escuchar. Porque, zanjó, “todos somos necesarios”.

Por último, el presidente de la Asamblea subrayó la importancia del testimonio para ser testigos más que maestros, en frase de la encíclica Evangelii nuntiandi, de Pablo VI. “Debemos enseñar con obras, no sólo con palabras”, precisó Monseñor Rafael Cob y advirtió sobre la tentación de la mundaneidad, que sólo se supera con el amor. “Es el amor el que promueve la conversión y nos lleva a ser testigos de la misericordia, a ser misioneros”, concluyó.

En su intervención de apertura, Monseñor Rafael Cob conminó a aprender a trabajar juntos en la Asamblea y, de esta manera, “responder juntos a los desafíos que nos plantea la sociedad”, con la iluminación del Espíritu Santo, que “día a día renueva la Iglesia, nos hace discípulos misioneros de Jesús y hace nuestras parroquias más vivas, unidas y misioneras”

Tras un resumen con los principales logros del Año Pastoral, Monseñor avanzó los ejes en los que se basará el Plan Pastoral 2016-2020: la familia, el medio ambiente y las vocaciones a la vida consagrada. Un reto –concluyó- que hay que afrontar en unidad y por la misión.