Renovación de las promesas bautismales en el río Salomé

La semana misionera de las SMP continúa en la Zona Pastoral de la Parroquia Tarqui. Ha ido avanzando en su evangelización misionera, los católicos se despiertan y comienzan a tomar conciencia de su auténtica  vocación misionera. Ayer, viernes 15 de abril, hacían su celebración penitencial y confesión de sus pecados al pie de la fogata, donde destacaba la cruz donde Cristo murió por nuestros pecados. En la fogata queríamos quemar para siempre nuestros pecados y los pecados de nuestro barrio, de nuestra comunidad y del mundo entero: violencia, injusticias, mentira y corrupción, codicia, egoísmo, sensualismo y drogadicción. 

En la mañana del sábado día 16, los participantes en la Semana Misionera madrugaron para rezar el Santo Rosario de la Aurora, y después en caminata penitencial se dirigieron hasta las limpias aguas del rio Salomé, para renovar las promesas bautismales. Al contemplar las filas de gente que llegaban, nos trasladaba nuestro pensamiento a las mismas filas que acudían al río Jordán, donde Juan Bautista invitaba a la conversión. En aquellas filas quiso Jesús estar asumiendo todos nuestros pecados para purificarnos del mal, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

La gente se fue sentando junto al río Salomé para seguir la celebración, escuchando la Palabra de Dios. Los misioneros coordinadores lo tenían todo listo, mientras los que vinieron de otras parroquias para ayudar en esta semana, venidos de Catedral, Sto. Domingo, Santo Cura de Ars y San José de Canelos, fueron una fuerza muy grande para la eficacia misionera evangelizadora de esta semana, formando una gran Iglesia misionera en salida, saliendo como dice el Papa Francisco a las periferias existenciales de la gente, dejando la comodidad y nuestras cosas. 

El P. Salvador Díaz, párroco de Tarqui, dirigió la ceremonia, iniciando con el canto: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre”. El Sr.Obispo, Monseñor Rafael Cob, hizo la reflexión en el marco natural, contemplando las aguas del río e invitando a los presentes a recordar nuestro bautismo, “donde las aguas bautismales limpiaron nuestros pecados y nos dieron nueva vida en el Espíritu”.

“El agua del río –indicó el Sr.Obispo- es un gran signo del bautismo, agua que limpia nuestro cuerpo, agua que fecunda por donde pasa, dando vida a la tierra, para entender lo que hizo Dios en nosotros con  el regalo de la fe que en el bautismo recibimos. Fe que, como cristianos misioneros, debemos hacerla crecer, debemos compartir y llevar a los hermanos que no tienen vida en Cristo, a los que sufren en su angustia y desesperanza, fe que es luz de Cristo resucitado, para iluminar tanta oscuridad en el mundo en que vivimos”. “Hemos de ser la luz del mundo y sal de la tierra misionera, una fe misionera que se expande por el testimonio de la Iglesia creyente”, concluyó Monseñor Rafael Cob.

Llegado el momento culminante de la ceremonia de renovar las promesas bautismales, se oyó un rotundo “Sí, creo en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo” de la asamblea presente y, a continuación, un “sí, renuncio al pecado”, cuyo eco, destacó el Sr.Obispo, “sale del corazón de los presentes y se expande a lo largo del camino de la vida”. 

Los sacerdotes P. Chava y P. Pedro bajaron al centro del río para ayudar a la gente a sumergirse en el él como signo de morir al pecado y resucitar a la vida nueva, mientras los catequistas, con sus velas encendidas, eran signo del compromiso de iluminar con la fe, renovando los compromisos. Por su parte, Monseñor Rafael Cob ponía su mano en la cabeza de cada uno de los que salían del río como signo de bendición.