Nuestra visita a Sarayacu obedecía, una vez más, a este espíritu misionero del  pastor que visita a sus ovejas también en el interior de la selva, para llevarles la gracia y bendición de Dios a través de los sacramentos y el animar la fe del pueblo para que esta se fortalezca y se comparta con los hermanos.

Terminada nuestra visita a la comunidad de Pakayacu, nos embarcamos río abajo, peligroso en esta ocasión por la crecida del cauce y los troncos y palos que arrastraba el rio Bobonaza a su paso. Habíamos esperado casi tres horas respecto al horario previsto a que bajara el nivel del rio. Con la fe y confianza en Dios iniciamos la partida y llegábamos con bien a las 12 del mediodía al puerto de Sarayacu,  que se encontraba inundado por el nivel del agua. Subimos a la plaza con nuestro equipaje, agradeciendo a Dios a los sabios motoristas de la canoa que nos condujeron con acierto en este viaje. Era espectacular y preocupante ver al paso las riberas del río, donde quedaban las plataneras y sembríos, afectados por la corriente de agua.

Llegados a la misión, el P. Mauricio Espinosa nos asignó nuestras habitaciones para estos días. En la mañana, como estaba programado, había tenido los bautizos: 33 nuevos cristianos, entre ellos algunos adultos, y que se añadieron a la lista de los 1.278 bautizados en estos últimos 33 años.

En la tarde de este día, después de comer, tuvimos las confesiones de los que al día siguiente harían su Primera Comunión. Decorábamos el altar para esta fiesta y, después del rezo de las vísperas y la cena, nos fuimos a descansar.

Al día siguiente, a las 9 de la mañana, celebrábamos la Santa Eucaristía, en la que 28 cristianos recibían este gran sacramento de la Eucaristia, alimento para los fuertes en la fe. El Sr. Obispo recordaba en su homilía cómo Jesús quiso que nos alimentáramos en el espíritu con este sacramento que Él instituyó, así nuestra vida espiritual crece y la fe se fortalece.

En la tarde, después de compartir el almuerzo con los antiguos catequistas Corina y Sabino Gualinga, recordando con Sor María Martín, que nos acompañó en esta visita, el trabajo de tantos años como misionera en Sarayacu. Subimos a la misión para seguir nuestro trabajo con  el encuentro de los jóvenes confirmados con el obispo, recogiendo sus compromisos y teniendo las confesiones y el ensayo de la ceremonia del domingo. Igualmente, hubo que preparar el altar del santo patrón, San Antonio de Padua.

En esta noche, el P. Mauricio se queda hasta tarde escribiendo las inscripciones de los sacramentos celebrados en los libros parroquiales. Al día siguiente nos espera una jornada muy completa.

En la mañana del domingo, a las 9, tocan las campanas y la gente va llegando hasta llenar a rebosar el templo para las confirmaciones, padres padrinos y fieles venidos de los distintos barrios de la parroquia: Calicali, Sarayaquillo,  Chontayacu, etc… Las autoridades como varallos en primera fila junto a S.Antonio, su patrón; los confirmandos, con sus padrinos, llenarán las primeras bancas. Se inicia la procesión con los 19 jóvenes confirmandos, quienes portan sus signos culturales; los catequistas, Adelaida, Abraham y Luis, con el coro de Infancia Misionera animan el canto dando solemnidad a la ceremonia.

El Sr. Obispo, en su homilía, después de felicitar a los confirmandos y a los presentes en su fiesta patronal de Sarayacu, tocaba puntos importantes, como los principales desafíos de la Iglesia hoy, a la luz del mensaje del Papa Francisco al Ecuador, como es la familia, el medio ambiente y la escasez de vocaciones sacerdotales y consagradas. Después recordó a los confirmandos, con los que estableció un diálogo, la necesidad de dejarse guiar por el Espíritu Santo para producir frutos del Espíritu; igualmente les destacó la necesidad de dar testimonio de nuestra fe y asumir el compromiso de servicio en la Iglesia, donde vivimos, haciendo ver la necesidad de catequistas en nuestras comunidades del interior por la escasez de sacerdotes. Por ello, Monseñor Rafael Cob felicitó el trabajo de los catequistas y animó a que les ayudaran para cumplir con su trabajo evangelizador y orar al dueño de la mies para que envíe obreros a su mies, como decía Jesús.

Al final de la ceremonia, rezamos la oración de las Santas Misiones Populares,  el P. Mauricio se despidió de la parroquia y agradeció el haber podido realizar su experiencia pastoral entre ellos, durante 9 meses de trabajo, y por la acogida recibida, pidió que rezaran por él y que él también rezaría por ellos. Alguno de la Asamblea  pidió que la Misión les enviara reemplazo misionero, valorando el trabajo que la Misión del Vicariato realiza en esta parroquia. El Obispo les agradeció y recordó que el equipo misionero de Canelos, con los padres javerianos, son los que tienen a su cargo el servicio a esta parroquia. Con la bendición solemne concluía la ceremonia.

La lluvia comenzaría a caer como lo había hecho en la noche y no dejaría en toda la tarde, por lo cual nuestra salida que en principio pensaba ser por vía aérea, se suspendió y quedó truncada nuestra salida en este día. Sor Maria, que todos estos días ha cuidado de alimentarnos como buena madre, seguirá con sus artes culinarias. Así, en la noche, después de cantar las vísperas a S. Antonio, dormiríamos con plácidos sueños dando gracias a Dios de poder concluir con esta visita pastoral a la comunidad de Sarayacu y esperando que a la mañana siguiente pudiera entrar la avioneta a por nosotros. Pero, dado que amaneció lloviendo y seguía nublado, decidimos salir por el río, de regreso a Puyo en canoa. Con poco más de tres horas de río, nos presentamos en el puerto Canelos Atasás, donde la misionera María Palomino nos esperaba para llegar felizmente a nuestra casa y seguir con nuestros trabajos pastorales en Puyo.

 

Monseñor Rafael Cob García

Obispo de Puyo

Crónica de la visita pastoral de Monseñor Rafael Cob a Sarayacu